La Clave
Los Monos de la Clave
 
Director: Jose Luis Balbin
 
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03-09-2012
NO ES LO QUE PARECE

Afirmo que, salvo alguna honrosa excepción, si la hay, lo que realmente decide quién
manda entre los estados es su mayor fuerza militar, más o menos controlada por el dinero. Si
alguien no está de acuerdo le invito a que siga leyendo.

Hay muchas veces en las que los que más presumen son los que menos motivos tienen
para hacerlo. La organización probablemente más importante del mundo, la ONU,
supuestamente creada para defender, entre otras cosas, la democracia en el planeta, es una de
las organizaciones menos democrática de las que conocemos en occidente. El órgano que
realmente decide, el Consejo de Seguridad, entre sus miembros tiene cinco que son
permanentes, casualmente los más poderosos, la mayoría vencedores en la última gran guerra y
son los únicos con derecho a veto de cualquier resolución que la asamblea apruebe por votación
universal. ¿Es eso democracia? Eso es en definitiva una forma de dictadura de los cinco más
poderosos. Y qué casualidad, entre ellos los mejor armados.

Estados Unidos –gran país por cierto, al que admiro por cómo defiende todo lo que
tiene, sin dejar nunca abandonado a un marine herido en combate– es uno de los pueblos que
más presumen y es reconocido mundialmente por su promoción de la democracia, pero no sólo
no siente algo más que sonrojo por ser uno de los miembros permanentes del Consejo de
Seguridad de la ONU y haber tenido hasta anteayer a los negros cruelmente separados,
despreciados y maltratados, sino que aún hoy tienen confinados en guetos, sin los mismos
derechos que los demás ciudadanos nacidos en su territorio, a los pocos nativos que quedan de
los que vivían en aquéllas tierras mucho antes de que llegasen a ellas sus conquistadores, por
la única legitimidad que casi siempre en la Historia ha impuesto la fuerza de las armas. Sin
embargo, si se quiere ser justo se debe reconocer, frente a lo negativo lo positivo, como es la
capacidad para corregir sus errores y el relativamente poco tiempo en el que han evolucionado
desde el apartheid más descarnado a elegir como presidente a una persona de color.

Gran Bretaña, uno de los estados que pasa por ser de los más demócratas del mundo,
ha tenido que ir aceptando la independencia de sus antiguas colonias, porque no eran ya
capaces de seguir manteniéndolas bajo la bota de sus ejércitos. Creo que la última fue Hong
Kong, porque China es mucha potencia militar y económica para reducirla enviándoles la Royal
Navy. Prueba palpable de ello es que la anterior en el tiempo de liberaciones a Hong Kong, las
islas Malvinas o Falkland, según quien las domine –porque quien las domina, las denomina–
corrieron la suerte contraria y sólo porque la fuerza naval que las intentó anexionar era
muchísimo más débil, Argentina no era China.

De Gibraltar mejor no hablar, los españoles somos muy quijotescos (por razones
obvias me gusta más decir quijotescos que ingenuos) y seguimos confiando desde hace
siglos en la palabra de los británicos, plasmada y rubricada en los tratados, eso a pesar de las
numerosísimas violaciones del de Utrecht, que empezaron recién firmado con la ocupación
militar de la “Torre del Diablo” y “El Molino” y después de que hayan hecho caso omiso de hasta
cinco acuerdos de la ONU instando a la descolonización de la Roca. Así nos va.

La democracia no es una meta alcanzada, es una utopía al final de una carrera como la
de Aquiles y la tortuga, porque no todos la concebimos igual.

Autor: ALONSO QUIJANO

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