La Clave
Los Monos de la Clave
 
Director: Jose Luis Balbin
 
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01-09-2011
TRUCOS CONSTITUCIONALES

Las constituciones son marcos dentro de los que se circunscriben las reglas de la convivencia. Unas pocas son muy antiguas y poco modificadas. Otras muy recientes y continuamente cambiadas o reformadas. Su antigüedad o modernidad suelen tener relación inversas con su estabilidad y reciedumbre.

La nuestra actual tiene bastante que ver con la astucia inteligente de Torcuato Fernández Miranda para salir de la dictadura franquista y el deseo inmediato de los
constitucionalistas del momento para superar nefastas costumbres. Buscaron acuerdos para ceder unos y otros lo suficiente. Así nació nuestra actual Constitución y así se desarrolló la muy mentada transición. Pero el acuerdo comportaba también concesiones mutuas con discrepancias que a la larga se han visto radicalmente diferentes para la
convivencia social. Por ejemplo. La ley de inspiración belga D´Hont, la sucesión en la Jefatura del Estado, el concepto mismo de Estado, el sistema de autonomías, la consiguiente ley electoral….

Hace ya tiempo que –no siempre a través de soluciones coincidentes- a muchos españoles no acaba de gustarles la Constitución Española. Para modificarla, no obstante, se necesita una mayoría tan grande que sólo se puede conseguir, precisamente por lo establecido en la misma Constitución, previo acuerdo de los dos partidos mayoritarios. Como a cada uno de ellos le conviene el cambio según su momento electoral, no han sido capaces hasta ahora de beneficiar a la inmensa mayoría de los españoles y sí a los pequeños o residuales nacionalistas. Tanto está siendo así, que cuando por primera vez se ponen de acuerdo para modificar la Constitución, sólo lo hacen parta salvar los muebles económicos (si es que lo consiguen) y porque la Unión Europea se lo imponme, precisamente en lo que no había necesidad de “reformar” la Constitución. De todos los otros temas, de las cargas de profundidad que beneficiarían al conjunto de la sociedad, ni mentarlos.

No se trata, pues, de reformar la Constitución, sino de un truco constitucional innecesario. ¡Vaya categoría de hombres de Estado! ¡Como para fiarse!

Autor: José Luis BALBÍN

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