La Clave
Los Monos de la Clave
 
Director: Jose Luis Balbin
 
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18-10-2011
TELEVISIÓN PÚBLICA, TELEVISIÓN PRIVADA

Ya había hecho yo mucho periodismo por toda Europa, cuando me tocó trabajar desde allende nuestras fronteras para la televisión española. Aunque estábamos en pleno franquismo, no fue una tortura china. Desde años antes me había acostumbrado, igual que tantos otros, a esquivar como podía la censura del sistema. Sólo me daban envidia las escasas perlas sagradas de algunos programas que aquí no existían, porque en general algún tipo de censura era consustancial a las televisiones de muchos países.
Con la llegada de esta insuficiente democracia, pronto se empezó a hablar de la desaparición de la censura y de la calidad de la televisión que habría de llegar, decían dogmáticamente, con la televisión privada. Yo lo dudaba. Tras la llegada de la actual Constitución, tuve la oportunidad de poder poner en marcha una televisión sin censura y con calidad nada desdeñable, aunque siempre mejorable.
Inmediatamente llegó el galimatías de las autonómicas y, consecutivamente, de las privadas. Ahora ahí están hoy todas. ¿En qué han ganado y en qué han perdido unas y otras? Hay para todos los gustos, tirando a desastrosos. Los “privatistas” arguyen que simplemente se juegan sus dineros; los “públicos”, que la televisión debe ser de calidad y dirigirse a todas las ideas de la manera más objetiva posible.
No es el caso. Ni los autonómicos son casi nunca plurales, ni los privados buscan también casi nunca otra cosa que ganar dinero, por mucha basura que tengan que derramar para conseguirlo. Lo peor es que los críticos a las públicas tienen razón: la mayor parte de esas televisiones gastan sectariamente el dinero de los españoles; los críticos a las privadas también la tienen: cumplen muy pocas de las normas honestamente reguladas y casi siempre acuden a las ayudas económicas que emanan del poder de turno. O sea, un desastre.
Me ha tocado trabajar con unas y con otras. No por prevista ha sido menor la decepción con todos los sistemas. Con los sistemas y con quienes defienden las excelencias de cada uno. No con todas las personas, sin embargo. Hace mucho tiempo que he constatado la importancia de las calidades individuales. He tenido jefes y compañeros a quienes admiro y agradezco lo que han hecho por la buena televisión en cada sistema: son honrados y modélicos , aunque escasos, los que saben sacar partido a las correspondientes ventajas; algunos, a costa de grandes sacrificios y marginaciones personales. La mayor parte no creen lo que predican. ¡Y no digamos los profesionales de la política antes de llegar al poder (…político… o económico), sólo hasta un minuto después de haberlo conseguido. Las promesas y las hemerotecas están llenas de tales hipocresías. También las de muchos periodistas, aunque suelen tener la disculpa de obedecer –nunca mejor dicho- lo que no está en los escritos.
Yo me conformo con unas televisiones públicas plurales y pagadas con un canon, como ocurre en los países democráticamente avanzados. También con unas privadas que se sostengan por sus medios , no con ayudas encubiertas o no de sus benefactores en el poder. De los dos tipos, que deben convivir, hay ejemplos – en países generalmente nórdicos- y en ciertas democracias avanzadas. Por eso hay televisiones creíbles y otras que no. Y unos políticos –muy pocos- que creen de verdad en la información fiable, no sólo –muchos-en la propaganda sectaria. Estoy esperando una vez más a ver en qué quedan las verdades y las mentiras de unos y otros.

P.S. Lo que es válido para las televisiones, suele ser válido para la información en general. Pero ese es otro tema.

Autor: José Luis BALBÍN

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