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Los Monos de la Clave
 
Director: Jose Luis Balbin
 
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10-03-2011
Pimentel, el árbitro

Aún contando a algunos inevitables reticentes, el laudo de obligado cumplimiento en el conflicto entre los controladores aéreos y AENA, parece que ha sido bien aceptado por todas las partes. Como era de suponer, unos y otros han dicho que les otorga “la razón” que les era debida, aunque unos lo digan con la boca más pequeñita que otros. Lo importante es que el conflicto parece zanjado de momento, y prueba que jamás debió haberse desarrollado como se produjo. Más de suponer era todavía que así sería el desenlace, gracias a un insólito personaje: el árbitro mediador. Los Manuel Pimentel no son frecuentes en el mundo público; sobre todo, si han pasado por la política.

Los hay, ciertamente, y más abundantes de lo que a menudo imaginamos, pero fácil, lo que se dice fácil, no es fácil encontrarlos. En esta sociedad en la que un poco desgraciadamente nos ha tocado vivir, son mucho más numerosos los que nos defraudan. No sé a quién se le habrá ocurrido el nombre de Manuel Pimentel para que sirviera de árbitro en este caso, pero no podía haber tenido una idea mejor. Desde que su nombre fue propuesto, éramos muchos los que dábamos por supuesto que el conflicto tendría buen final. Lástima que no se hubiera dado en ello con mucha mayor antelación. En todo lo que ha intervenido, Pimentel ha sabido comportarse no sólo con honradez, sino también con inteligencia.

Manuel Pimentel es un personaje singular que no todo el mundo comprende. Estudiante sobresaliente desde siempre, su trayectoria ha sido precoz y brillante. Ingeniero agrónomo, licenciado en Derecho y diplomado en Alta Dirección de Empresas, pasó a la política sucesivamente como secretario general del Partido Popular en Andalucía, secretario de Estado de Empleo y ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, cargo del que dimitió con gran escándalo en el sentido bíblico. Quien escandalizare, más valdría que se atara una piedra al cuello. En este caso, más oportunamente los escandalizados. En desacuerdo reiterado con una serie de medidas de su propio gobierno con el trabajo y la emigración, Pimentel preparó su dimisión de manera que la jerarquía partidaria no pudiera pararla. En la habitual persistencia de los partidos políticos por confundir fidelidad con incondicionalidad, Manuel Pimentel fue tachado poco menos que de traidor. Lo habitual. Inasequible al desaliento, Pimentel intentó una discrepancia política personal, hasta ahora ineficaz, aunque quizá sólo todavía “pendiente”.

Por si fuera poco, se lanzó al mundo editorial, tanto como autor, cuanto como empresario. Como autor ha sido, un vez más prolífico: ensayo, novela, relatos de todo tipo; la novela histórica de investigación. La novela histórica de investigación le “priva”: a mí también. Como empresario editorial, “Almuzara” es una excelente iniciativa, una vez más independiente.

En definitiva, ¡qué lástima tanta escasez de los Manuel Pimentel!

P.S. Por cierto, pese al buen hacer de Pimentel, el lío no está arreglado. Con la huelga anunciada, de nuevo, el conflicto se complica de otra manera, quizá sin árbitro.

Autor: José Luis BALBÍN

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