La Clave
Los Monos de la Clave
 
Director: Jose Luis Balbin
 
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01-03-2013
MARÍA ACOMPAÑADA

Con motivo de la relativamente inesperada muerte de María Asquerino, recojo
numerosos comentarios sobre su soledad y su olvido de los últimos años. Me niego a asumirlo.
No es cierto. María no sólo nunca fue olvidada, sino sólo lo relativamente aislada que ha
querido casi siempre. Casi. Si acaso, se lamentaba sólo últimamente y a veces de no haber
tenido hijos. Pero no estoy seguro de que ese supuesto deseo no fuera simplemente
esporádico. Ni siquiera parecía ocurrírsele que podía adoptarlos.

Contra lo que algunos parecen creer, estaba rodeada de amigos. Una vez al mes
aproximadamente, éramos varios los que, antes de tomar una copa de buenas noches,
cenábamos con ella en el mismo restaurante de la plaza de Santa Ana. Siempre los mismos:
Agustín, Víctor, Antonio, Eva. Alberto, Paco, Carlos, Julia y yo mismo. Cierto que María no
siempre mostraba su ironía habitual, pero sí a menudo. No hace mucho participó en un
coloquio de televisión en el que estuvo aún más aguda que de costumbre.

Y, sobre todo, nada como su famosa “mesa de Boccacio”, en la que se presentaban
brillantes famosos de diversos tipos. Era “la mesa de María”, que el personal de la casa le
reservaba incondicionalmente. Allí acudíamos cada noche su hagiógrafo Floro, Paco Rabal
cuando todavía estaba en plena forma, José Luis Coll, toda una pléyade de políticos, jueces y
fiscales divertidos, y los mismos amigos que acudiríamos tiempo después a la cena mensual,
una vez desaparecida la tertulia de “Boccacio”. ¡Qué época, forzosamente interrumpida muy a
pesar nuestro!

María tenía “su” carácter, no fácil para todos. Era muy selectiva ( el talento de
Fernando Fernán Gómez, indiscutiblemente, el de Antonio Gala, el de Buero Vallejo…), y
hasta caprichosa; pero fuimos muchos los que la queríamos y la hemos ayudado hasta el
último momento. ¿El último? Imposible. A regañadientes, consintió en ingresar en una
residencia. Tuvo un problema de respiración y, cuando era trasladada al hospital, murió…, sí,
inesperadamente.

Hoy sus amigos y menos amigos (admiradores en cualquier caso), homenajean a la
que fue una de las grandes estrellas de la escena, tanto del cine (”Surcos”, por ejemplo”),
como del teatro (“Anillos para una dama”, por supuesto). Mario Gas ha conseguido que pueda
ser despedida en el teatro “Español” por todos los que aún la sobreviven. Lo que quería. Pese
a que algunos parecen creer o querer otra cosa , ni olvidada ni más abandonada de lo que
siempre deseó.

Un abrazo, María: viviste y te fuiste del modo que quisiste. Como siempre.

Autor: José Luis BALBÍN

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