La Clave
Los Monos de la Clave
 
Director: Jose Luis Balbin
 
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17-04-2011
Es burla, miserable abusón

Fué una de las especialidades de Gila: hay gente que no sabe aguantar una broma. Si no lo saben, que se vayan del pueblo. Caso de que puedan, claro, porque a veces se dejan el esqueleto en el trayecto, según Gila. Gila fue uno de los grandes humoristas, junto con Charlie Rivel, Tip y Coll, los hermanos Marx u otros cuantos gloriosos. Curiosamente, ninguno de los grandes del humorismo se ensañaba con sus “víctimas”. Todo lo contrario. Provocaban con ellas oleadas de ternura.

Ahora estamos en la era de la imbecilidad. Tanto en programas de radio como de televisión, hay sobredosis de supuestos graciosos. Supuestos, porque ellos se lo creen. Sus intervenciones no suelen tener maldita gracia. Hay que aportarles toneladas de predisposición favorable para que uno consiga sonreír tras sus “chistes”.

Para empezar no son chistes.Suelen ser ataques en picado sobre inocentes que no se encuentran en situación de defenderse. (A ser posible, que sea con escarnio, por fa. Y si de paso se puede hacer daño también a las familias y amigos, porquería sobre hojuelas):
¡Hombre! ya sabíamos que una caída en la calle como consecuencia de una distracción suele provocar la risa generalizada, pero son ocasiones eventuales y sorprendentes. No. Aquí se trata de otra cosa. Se trata de mofarse con ensañamiento, premeditación y casi siempre alevosía, aunque con escasas luces creadoras.Si las “víctimas” tienen insuficiencias físicas o mentales, tanto mejor para los pretendidos humoristas.

Conste que el humor brillante produce una de las mejores relajaciones que existen. Si es negro, también; a veces, incluso mejor. Los británicos son especialistas en ese estilo. Pero una cosa es el humor negro y otra muy diferente, el daño miserable. Daño, por cierto, que los humoristas bajo palabra ¿de honor? no tragan cuando son ellos mismos las “víctimas” de los demás.

Hay excepciones, evidentemente. Faemino y Cansado son un ejemplo. También alguno de los televisivos de moda, si no fuera porque… ¿Por qué? Porque les encanta innecesariamente el sectarismo político, la obsesión por la blasfemia (religiosa, por supuesto) y, frecuentísimamente, la escatología. ¿Ellos lo encuentran gracioso? Allá ellos. Con un solo chiste malo y desagradable, pierden toda la gracia que el resto del tiempo suelen tener. Da la impresión de que se ha quedado en su infancia escatológica. Como los niños que se ríen mucho contando chistes de pedos, pises y cacas.

El chiste blanco es maravilloso; el negro, más difícil todavía. Pero los chistosos artificiales e imbéciles deberían estar condenados a escucharse a sí mismos durante toda la eternidad.

Autor: José Luis BALBÍN

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