La Clave
Los Monos de la Clave
 
Director: Jose Luis Balbin
 
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18-05-2012
EL ESCANDALOSO CASO DE LAUREANO OUBIÑA

Lo escandaloso no es el pasado delictivo de Oubiña, sino su prolongadísimo presente penitenciario, aparentemente aún más propio de una inexplicable y sádica venganza que a una a estas alturas exagerada medida de ejemplaridad. La mayor parte de los españolitos de a pie, muy proclives a creer que a algo se deberá el encarcelamiento de los malosos, también podemos escandalizarnos en otras ocasiones al comprobar cómo se salen de rositas quienes merecerían castigos de verdad ejemplares. La historia está salpicada tanto de condenas a inocentes, como de inocencias a delincuentes. Los errores judiciales, a veces sospechosos, han sido en ocasiones vergüenzas para la humanidad. Un programa de “La Clave” que titulé “Errores judiciales” arrancó con una frase gloriosa de cierto fiscal: mejor sería decir “¿Aciertos judiciales?”

El caso de Laureano Oubiña era-es uno de los escandalosos. Yo mismo lo tenía por un narcotraficante sin piedad, a quien le estaban merecidos no pocos males del averno. Poco a poco he ido descubriendo que las cosas no eran exactamente lo que parecían. Por lo pronto, Laureano Oubiña ha sido condenado no por terrorismo, ni por asesinato, ni por tráfico de droga dura, sino a diecisiete años y diez meses (equiparado a la mitad superior de un delito de asesinato), por “tráfico de hachis”, lo que según nuestra ley penal no causa grave daño a la salud: sin duda la condena más severa impuesta en el estado español por un caso comparable y a un tal delincuente.

Desde el comienzo de su estancia prácticamente ininterrumpida en prisión, la historia penitenciaria de Oubiña parece extraída de una siniestra novela de Dickens. Es una continua escalada no de presiones, sino de represiones aparentemente provocadas desde todos los niveles de las administraciones penitenciaria y judicial. ¿Será exagerado? ¿Será posible? ¿Será creíble? Evidentemente, el condenado por tráfico de “hachis” no es un santo y los delitos que la gente le atribuye son ciertamente imperdonables y muy escandalosos. Los que le atribuyen. Pero no los que se ha probado que haya cometido. Entonces, ¿por qué tanta saña?, ¿tanta injusticia?

Cuando comencé a escudriñar el caso, yo también creía todo lo que se me había dicho. Las madres y familias en general destrozadas por las tragedias de sus hijos no podían perdonar. Pero ¿eran ciertas las acusaciones a las que ellas creían? ¿También los sucesivos tribunales, repetitivos e implacables? Sólo le encontré una posible explicación: los represores tampoco querían arriesgarse a ser acusados de ablandarse ante el delincuente.

Desde noviembre del 2000 hasta hoy, el preso Oubiña –preso pacífico- ha sido despojao de cualquier beneficio penitenciario que pudiera corresponderle, e incluso visto agravada su estancia por los motivos más variopintos posibles, incluido el continuo traslado de penal, el descubrimiento de un teléfono portátil en el momento en que hasta le hubiera sido innecesario – puesto que fue durante el único momento en que se hallaba fuera de la cárcel- y la extraña muerte de su mujer.

El 17 de julio de 2012 cumple definitivamente su condena. ¿Qué supuestos motivos aparecerán milagrosamente para que no sea así?

P.S. Yo mismo me siento por primera vez sorprendido por lo que estaba seguro de que era un escándalo justo y ahora me parece que lo es por lo menos medianamente al revés

Autor: José Luis BALBÍN

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