La Clave
Los Monos de la Clave
 
Director: Jose Luis Balbin
 
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20-08-2011
A Tres Turnos

Es una de las frases características de Álvarez Cascos durante su vida de político ejecutivo, convertida casi en “slogan” durante la campaña electoral. Normal. Una de las razones por la que los asturianos lo han devuelto al poder, ha sido por la eficacia de su trayectoria, de la que tanto saben sus paisanos. Esto sí que es la memoria histórica: hay un antes y un después del Cascos ministro de Fomento. Antes, trabajo intensivo, “a tres turnos” si necesario, túneles autopistas, vías ferroviarias; después, enorme placidez ejecutiva de los gobiernos.

No obstante, hay que tener cuidado con el humor asturiano, especialmente negro, que personalmente tanto me gusta. Cuando alguna secta puso de moda la glorificación moral del trabajo, recuerdo que me faltó tiempo para echarle humor del bueno, recordando que el trabajo no deja de ser una maldición bíblica, un castigo divino, que condena al hombre “a ganar el pan con el sudor de su frente”.

Nunca se me ocurriera. Desde entonces, me divierte bromear con lo del “castigo  divino”, y que de eso se trata cuando algunos presumen tanto de lo mucho que trabajan. El buen amigo y gran periodista que fue Carandell escribió un delicioso libro sobre “vivir en Madrid”, en uno de cuyos capítulos contaba la capacidad que tienen los españoles –no sólo madrileños- para cumplir más o menos sus horarios de trabajo, sin dar ni golpe. Fichan a su hora (o se turnan con algún compañero para hacerlo), poco antes de comenzar sus frecuentes ratos de descanso: el café de las nueve y el de las doce, la partida de “chinos”, la hora del aperitivo… Así es como algunos consiguen los “tres turnos” de trabajo y hasta los cuatro.

Siempre que he tenido que responsabilizarme de una tarea, he  preferido preocuparme de los resultados, tanto los míos como de los que de mi dependían. Aunque me gustaría encontrar otra referencia que no fuera la personal, no me queda otro remedio que no me afecte: he ganado más de  ciento cincuenta premios tanto nacionales como internacionales en literatura, prensa, radio y televisión; cuando me ha tocado organizar y dirigir, por ejemplo, en televisión, he conseguido poner en marcha casi una docena de programas (algunos de los cuales todavía duran) en menos de tres meses y a muchos nuevos y ahora ya conocidos nuevos profesionales; he conseguido mantener un semanario de alto nivel durante años y sin deudas… Desgraciadamente, siempre acompañé la eficacia con la ironía de que  “no me gusta trabajar”, que algunos han tomado sin humor alguno. Para intentar que lo entendieran he llegado a obtener los mismos resultados prescindiendo de segundos y terceros colaboradores. ¿Cómo conseguía, entonces, cosechar los mismos programas de éxito, reunir a los mejores espadas del mundo público, o realizar las mismas publicaciones dejando sin cubrir los puestos de los que supuestamente dependían los éxitos? Procurando organizar el trabajo y valorando los resultados de cada colaborador,  no el tiempo que decía trabajar.

Las calumnias, sin embargo, tienen a veces largas secuelas. Como decía un amigo corrosivamente ácido: “Que fulanito se ande con cuidado, porque estoy dispuesto a montarle una calumnia que lo hundo para toda la vida”.

Mi afición al humor negro, por lo tanto, me ha sido especialmente contraproducente. El autoelogio de los que cuentan el trabajo no por el resultado, sino por el tiempo que también dedican a la partida de “chinos” suele ser mucho más rentable, pese a que, como decía la mitad del cuerpo diplomático de un conocido embajador que se autoelogiaba por su capacidad de trabajo: “el hombre que más cantidad de cosas es capaz de hacer a un tiempo…, y todas mal”.

No es el caso de Álvarez Cascos. En él coincide su capacidad de trabajo y su enorme eficacia. Por suerte para los asturianos.

Autor: José Luis BALBÍN

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